jueves, 24 de abril de 2014

Antonio Gamoneda

Añadir algo a la grandeza indiscutible de Gamoneda es un ejercicio estéril. Quiero recordar este poema de "Libro del frío"", Siruela, 2009 (esta es la edición aumentada, frente a las anteriores de 1992 y 2003).

"Yeguas fecundas en la fosforescencia. Recuerdo el miedo y la felicidad en mis cabellos hendidos por el relámpago; después, el agua y el olvido.

A veces veo el resplandor del monte sobre las grandes máquinas de la tristeza."

Sinceramente, ¿puede superarse esa última línea? Todo el poema es un ejercicio de exactitud y contención, que explota en una imagen muy poderosa. "Las grandes máquinas de la tristeza". Vendería mi alma por una imagen así.

Por cierto, ayer fue el día del libro y tal. De nuevo lo mismo: no importan cuántos libros, sino qué libro.

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