domingo, 28 de diciembre de 2014

Carmen Juan

Normalmente hablo de libros y busco en esos mismos libros virtuosismo formal. No la formalidad de los clásicos, atrapados en sus alejandrinos y en sus rimas consonantes y sus liras, redondillas, sonetos... Es otra formalidad. Pero también hay poetas que tienen la capacidad de transmitir con la mayor elocuencia un mensaje en el que podemos vernos, como si fuera en un espejo. A veces es un espejo deformante y a veces es un escenario que muestra una escena en la que nos vemos.
El libro de Carmen Juan, Amar la herida, esta joven, joven poeta ya madura en su oficio nos muestra escenas en las que nos vemos. En las que me veo.
Tal vez puede pensarse que es imposible que un hetero machote como yo pueda verse en las escenas que presenta una joven con un discurso feminista. Pero es así. Porque es un mensaje que habla de los roles que nos toca desempeñar (a nuestro pesar) y de todo aquello que nos hace daño desde dentro, tema que presumo que es un universal. Es el universal que alimenta a muchos poetas dolientes.
Hay un poema. Uno entre todos los del libro que me tiene atrapado esta mañana. Se titula: "Me desintegro a ratos y por partes".
No voy a transcribir un fragmento, porque es un poema de gran narratividad cuyas partes se ensamblan unas con otras en una voz que habla con enorme elocuencia. Un ironía final nos anuncia la gravedad de lo descrito y descarga esa misma gravedad. Es la potencia de la ironía.
Lamento no haber acudido a la presentación del libro y no haber escuchado directamente a Carmen Juan leerlo. Tengo afortunadamente el libro.
Y esto me remite a un tema que Elena Medel mencionaba estos días, la ausencia de autoras entre los mejores libros del año. Pero creo que extravía el tiro: y es que en esas listas lo que a veces manda no es el verdadero mérito. Cada uno es lo que es: una chavala nacida en un barrio suburbial o un pijo nacido en una familia forrada del barrio de Salamanca, un africano que acarreaba ánforas en una zona semidesértica, o una siberiana que se cubre de guata. En todos ellos hay algo común y compartido por todos nosotros. La condición humana. Esta fórmula que podríamos descartar por convencional y manida. Pero me resisto a ello. No me gusta que se tracen líneas. O que lo particular oculte lo que nos une y ata en la misma cárcel, nuestras emociones, necesidades materiales y deseos.
Esa lista no nos sirve a los lectores. Podría haber en ella dos extraterrestres fanáticos del acmeísmo y ser válida, si sus libros merecen la pena. Pero a veces hay en ella personas perfectamente integradas en el sistema editorial español que tienen una obra con menos alicientes que un nugget del McDonald's. No diré quienes. Porque este es un blog sólo de lo que me gusta, que no lee nadie (o casi nadie). Pero que escribo porque sí y ya está.
Esperaré impaciente el próximo libro de Carmen Juan o de Elena Medel y pasaré de listas. Pasaré de cuotas, de porciones de poder en el mundo editorial y demás asuntos que eclipsan lo demás, este hecho solitario, esta manía de leer mensajes en una botella que nos envían a través de las librerías unos desconocidos. Para conocerlos. Me refiero al hecho literario. A la escritura de obras y a la lectura de las mismas.


2 comentarios:

  1. Sabes, con este Amar la herida, tengo una cuenta pendiente. Estuve en el fallo del premio Pablo García Baena que ganó y que se hizo en público (una experiencia interesante que espero repitan, fue en la librería Birlibirloque), pero después olvidé anotar la fecha en la que salía la obra y ahora me lo encuentro con muy buenas críticas por todos lados. Creo que en esta ocasión me fiaré de las voces que lo anticipan y picaré el anzuelo, un anzuelo lleno de carnaza, de algo tan importante como verdadero sentir, según tú anticipas. Y es que no es poco, en los tiempos de superficialidad que corren, encontrar una verdadera intención indagadora, una verdadera capacidad de mostrarnos que a todos nos duele en el mismo lado. Así que tus comentarios han sido la gota que me movilizará hacia la librería.

    Un saludo y por tu blog me quedo, que no lo conocía.

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  2. Oh, vaya. Leo esto delante del segundo café de la mañana. Muchas gracias, de veras. A ambos.

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