martes, 15 de diciembre de 2015

Almudena Guzmán

Hoy estoy un poco tontorrón y me he puesto nostálgico recordando el final de los años ochenta, de aquella época de descubrimientos. Siempre he sido un lector malo, discontinuo, muy infiel, que va de un sitio a otro sin demasiado sentido. Pero me doy cuenta, al repasar lo que leía entonces, que lo era menos de lo que sospechaba. Por entonces leía y releía a, como no, Gil de Biedma, Ángel González, el primer Valente, a Dámaso Alonso, a Cernuda. Esto era lo que se llevaba la mayor parte de mi tiempo. Y empezaba a buscar entre las novedades dando por lo común con poetas como Clara Janés, María Victoria Atencia y jóvenes que irrumpían con enorme fuerza, como Ana Rosetti, Blanca Andreu, Luisa Castro (maravillosa), Inmaculada Mengíbar y, como no, Almudena Guzmán.
Usted.
Usted era el poemario que me hubiera gustado escribir. Una suerte de novela lírica, llena de versos falsamente sencillos que deslizan con suavidad un ambiente, una forma de amar en que me veía y veo muy reconocido. Ya lo sé, es raro que un hombre, heterosexual, como yo, comparta inquietudes con una mujer como Almudena Guzmán. Pero era, y es, así.
Usted es un gran libro, en el que no hay ni un solo poema que flojee. Todos son poemas inspiradísimos. Lo normal es comenzar a leerlo y no parar hasta la última de sus páginas. Esto no me ha pasado casi nunca, salvo con un puñado de libros. Usted se lee con una facilidad que roza lo hipnótico. (Da rabia no descubrirlo de nuevo, volver a leerlo como cosa nueva).

Venga, un poema de Usted:

“JUSTO el día en que llevo gafas y un jersey horroroso
usted descubre mi arrinconada existencia.

Le hablo con la sorpresa de no sorprenderme al tocar una ardilla.

Y contengo como puedo este alud de labios
para no abalanzarme sobre su nuca
mientras guarda, de espaldas a mi sombra creciente,

unos papeles en la carpeta.”.

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