sábado, 9 de enero de 2016

Dámaso Alonso

Hay un libro que es imposible no reseñar como uno de los más importantes poemarios escritos en español. Me refiero a “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso. Un libro poderoso, lleno de excesos, en que el poeta pierde el control de los adjetivos, pero que, a pesar de su imperfección producto de las palabras gruesas, alcanza la perfección distinta de un poeta que escribe sin ningún freno.
Dicen las crónicas que Dámaso Alonso no había cosechado demasiado eco con sus primeros libros, cuando se insertaba dentro de la generación del 27 como un actor secundario. Pasada la guerra se da el banquete de verso libre con reminiscencias de la tradición mística, con ese algo de la literatura americana, y al mismo tiempo, haciendo vibrar a nuestro idioma, el español, casi en cualquier verso, con una inventiva metafórica sorprendente. A causa de ello pasa a un primer plano destacado y hoy, la verdad, raramente se le recuerda.
Tenía 45 años, la edad de alguien que ya ha circulado por aquí y ha vuelto, y sabe de qué va esto de vivir.
Tremendismo, sí. Exceso, también. Pero un ejercicio de lenguaje y exactitud rítmica. Retrato al fin de un país muy negro, por el que todavía vagaban hambrientos mendigando un plato de sopa, y en el que la arrogancia de los vencedores aplastaba a los derrotados alimentando un odio que se aplacaría muy lentamente, durante tres largas décadas.
Me quedo con el final de uno de los poemas, titulado “La injusticia”:

“Podrás herir la carne
y aun retorcer el alma como un lienzo:
no apagarás la brasa del gran amor que fulge
dentro del corazón,
bestia maldita.

Podrás herir la carne.
No morderás mi corazón,
madre del odio.
Nunca en mi corazón,
reina del mundo.”



Si queréis oír el poema en la propia voz del autor y leerlo completo, clic aquí.



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