lunes, 11 de enero de 2016

David Bowie



Lo más importante del rock y pop, su absoluta era de oro, ocurrió entre los años 67 y 74. Y justo en el centro de esos años apareció una figura esencial: David Bowie. Hoy nos hemos desayunado con la malísima noticia de su muerte, tras una enfermedad larga y puñetera. Ya sólo por el disco The Rise and Fall of Ziggy Stardust debería pasar a la historia del pop-rock como una figura ineludible, pero él fue (suena raro mencionarlo en pasado) muchísimo más. Se une a la ausencia de monstruos absolutos como Marc Bolan, Freddy Mercury, de quienes fue camarada. Tras los maquillajes, el transformismo, la pose se va un hacedor de bellas y nostálgicas canciones, un alquimista de cuyas manos salió, por ejemplo, Transformer, el gran Lp de Lou Reed. Inició la década del glam, el glitter, el falso lujo, las plataformas, las arañas de Marte, los desayunos en Plutón y demás montajes de tramoya más allá de los cuales late una nostalgia de perros callejeros y tristeza sincera. No contento con ello, inició junto a Brian Ferry la new wave, que dominaría la lista de éxitos en los 80. Luego vinieron más discos, nuevos proyectos durante dos décadas menos brillantes, pero aun así, muy interesantes.
He pasado muchos ratos escuchando la música de esta cosa rara llamada glam y en el menú siempre, sin excepción, estaba David Bowie, una figura clave del fenómeno clave de la segunda mitad del siglo XX, el pop-rock, con el que nos criamos y en el que nos hicimos estéticamente. Fue en esa época en que a la gente le dio por divertirse.



Os dejo un enlace a Starman.


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