lunes, 5 de diciembre de 2016

SUSANA BENET



La falta de afectación, la luz sencilla con que Susana Benet nos ilumina y muestra el mundo hace que acuda a sus versos para destensarme y pensar que vivir, trabajoso y doliente, es tan sencillo como permanecer así, como ella, abierto a eso que describe, ambientes y objetos.
Su última entrega, Lo olvidado, es un libro adorable, una pequeña joyita doméstica que releer con placer. Me doy cuenta de que mucha de la poesía más interesante viene de Valencia, donde Susana Benet reside. Allí ha publicado la versión e-book (en Uno y Cero Ediciones) de este volumen tras haberlo comercializado en versión artesana (una belleza que no he tenido el placer de conseguir) en la colombiana Ed. Frailejón..
Cuesta extraer un poema que se imponga a otros por su redondez (todos son excelentes), así que este que quiero transcribir es uno entre muchos por su lisura y falsa sencillez que esconde, mostrando poco, mucho.

LO OLVIDADO

Cómo amo los lugares olvidados.
La calleja que ya nadie transita,
el íntimo cobijo de las cuevas,
el fondo rumoroso del barranco
donde el agua se estanca y los insectos
tejen islas brumosas en el aire.
Tenderme en el pretil de antiguos puentes,
revestidos de zarzas y hojarasca
y escuchar cómo zumban las abejas
en la calma fragante del romero.
Acercarme al misterio de las casas
donde no habitan más que los rosales.
deshojándose lentos en la tierra.
Internarme ligera en la espesura
de secretos parajes, donde el paso
ávido de los hombres no perturba
la paz de los guijarros, ni el festivo
desfile del espliego por las sendas.
Y, atravesando el filo de la tarde,
emprender el camino de regreso
sintiendo que, de pronto, me acompaña
la vacua plenitud de lo olvidado.


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