lunes, 13 de marzo de 2017

Ángeles Mora



Estuve el sábado en la nueva presentación de "Ficciones para una autobiografía" de Ángeles Mora. No era una presentación, sino una re-presentación, si se me permite la expresión, puesto que esta obra lleva a la venta dos años. El libro, claro está, tiene un buen puñado de poemas de medida sensatez, alentados por un delicioso tono nostálgico. Poesía de la experiencia que, cuando está contenida, siempre es bienvenida.
  Hay que ir a la librería y comprarlo, sin otros planteamientos. Esta recomendación resulta fácil de hacer, ya que el poemario ha sido reconocido con el premio de la Crítica, primero, y el Nacional de Poesía, después. El libro se lee de un tirón y se vuelve sobre él para saborear innumerables pasajes inspirados. Ángeles Mora percibe la realidad con detalle emocionado y la transcribe con pincel fino.
  Por desgracia, el año anterior para la poeta, aunque magnífico en lo artístico y profesional, fue muy duro en lo personal. Sin embargo, ahí sigue para todos nosotros.
  El acto debía haberse celebrado en las dependencias del antiguo ayuntamiento de Córdoba, en la calle Gran Capitán y hacia allí se dirigieron mis pasos. Para los que somos de Madrid, las distancias de Córdoba son irrisorias, afortunadamente, y se puede pasear hasta casi cualquier sitio. Adoro eso. Córdoba, mientras las temperaturas no se desbordan, es un jardín.
  Así que todo iba de maravilla, en principio. Al llegar a Gran Capitán encontré la puerta del edificio cerrada y una modesta nota modificada que nos dirigía a la acogedora y desordenada librería "República de las Letras". El acto ya no se iba a celebrar en una sala espaciosa del Ayuntamiento, sino en la pequeña sala al fondo de la República de las Letras.
  Llegué a las 18:29h -la hora de comienzo del acto era 18:30h- y descubrí que ya había comenzado. Unas jovencitas leían con dificultad los poemas del libro. La sala estaba llena y al fondo nos apretamos unas diez o doce personas de pie en unos cuatro metros cuadrados, junto a una puerta metálica que no paró de abrirse y cerrarse el resto del acto. Más allá de esa puerta unas jóvenes departían en la antesala aneja a grandes y muy audibles voces. Así que de pie, pelín hacinados, con música metálica de puerta que se abre y se cierra, se abre y se cierra, con un calor considerable, con el runrún de las voces de nuestras vecinas de sala estuvimos el resto del tiempo. Tras la trabada prelectura de los poemas, llegó la consabida presentación de la autora nunca demasiado breve, dedicada a la reivindicación feminista, a las cuotas de presencia pública, al poder, etc, etc. El etc es largo.
  Tras este extenso entreacto, Ángeles Mora intervino y comenzó a leer en un tono suave que poco a poco fue haciéndose firme. Hubo momentos de emoción que hicieron evaporarse la mala, mala, mala idea de celebrar el acto con tantas estrecheces. Finalmente acabó tras sincero aplauso y decidí, qué tontería, que la poeta me firmara mi ejemplar del libro. Son manías que uno tiene, la de tener breve contacto (muy breve, sin dar la tabarra) con los autores que admira.
  No pudo ser. Cuando ya extendía el libro para la firma, un grupo de jóvenes, las que habían leído tan mal los poemas de Ángeles Mora, como vulgarmente suele decirse, se colaron para solicitarle la firma de los folios en los que habían leído, aquellas arrugadas fotocopias. (Lo de colarse en Córboba es muy habitual, aunque esta es otra historia).
  Uno debe comprender. A veces, en determinadas ocasiones, se está fuera de lugar, uno sabe que ese no es su momento ni su sitio. Me dí la vuelta (sin la firma) y volví a casa, de nuevo paseando por este jardín cordobés primaveral y acogedor, y al llegar estuve conversando un ratito con mi mujer, y le leí un par de poemas lo mejor que pude y le parecieron magníficos. Y es que de verdad lo son.
  El sábado descubrí que es más cómodo acudir a las gradas de un estadio de fútbol que asistir a una lectura de poemas, por paradójico que nos parezca.



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